Hacia un 2027 de elecciones sin Violencia Política de Género
Por: Kenia Hernández
Se menciona entre los pasillos un mismo pensamiento, pero por diferentes razones: San Luis Potosí no está listo para ver a una mujer llegar al poder. Ya lo había mencionado antes, los partidos políticos mantienen desprotegidas a sus candidatas frente a la Violencia Política de Género.
Con rumbo al 2027, es importante no dejarnos llevar con la finta del género. El panorama de la gubernatura, tal vez, pinta para que imaginemos el triunfo con un perfil femenino en la boleta, sin que ello signifique necesariamente un logro en la representación de la mujer. Porque vamos, hay que pensarlo: ¿qué condiciones garantizarían una contienda justa entre ambos sexos?
La respuesta inicia nada menos que en el respeto. El respeto de ser nombradas, no por el apellido del cónyuge, si no el nuestro. El respeto, además, de ser vistas; no por nuestro físico, sino por el actuar público -bueno o reprobable-. Y finalmente, el respeto de ser juzgadas por la calidad del trabajo político, no por causas banales como la simpatía.
Las mujeres, del partido que sea, inician su trayectoria perdiendo y lo primero de lo que se despiden es de su nombre.
Previo al 8 de Marzo, la presidenta del Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (CEEPAC), Paloma Blanco López confirmó que en el proceso electoral pasado -refiriéndose a la elección ordinaria-, las violencias políticas más repetitivas debido al género fueron aquellas amenazas, agresiones verbales y, sobre todo, ataques en redes remitidos contra mujeres candidatas.
Lo anterior pone sobre la mesa la siguiente pregunta: ¿Qué están haciendo los partidos políticos al respecto? Porque se ha denunciado, incluso se han jactado de que su prioridad es la paridad. Entonces, ¿qué se propone para impulsar y contrarrestar las agresiones hacia quienes pudieran formar parte de la vida política?
“Las violencias siguen… Tenemos una estructura bastante robusta que seguimos fortaleciendo, pero desafortunadamente las violencias se van especializando, evolucionando”, comentó atinadamente, la presidenta del organismo electoral.
Sobre lo anterior, hay una analogía que debo recalcar, dicha por la periodista Carol H. Solís: “No peleemos por ocupar sillas rotas”. La silla presidencial que hoy ocupa Claudia Sheinbaum es un ejemplo de ello. Podemos señalarla por múltiples fallas, sin embargo, un reiterado comentario sale a la luz cada que se puede: que a la Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas la maneja por debajo de la mesa, el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
No es ningún secreto que bajo la estructura actual de la democracia, la política es una moneda de cambio con la que se cobran favores, entre otros intereses. De tal manera, no es de extrañarse que haya múltiples acuerdos, sobre todo, entre actores de un mismo partido en el poder. Pero, finalmente, quien ocupa el cargo y por lo tanto es responsable de lo bueno o malo que suceda, es la titular: la misma Claudia Sheinbaum.
¿Por qué restarle el carácter a su perfil político? Al sobreescribir que necesita de la instrucción de alguien del otro sexo para hacer, bien o mal su trabajo.
Lo mismo ocurrió en San Luis Potosí. A inicios de febrero, la especulación sobre quién ocupará la silla en Palacio de Gobierno fue, lastimosamente, viciada por portales de información y se convirtió en un concurso de belleza.
Decidieron omitir hablar sobre la propuesta política y en cambio, desviaron el diálogo para comentar el físico de a quienes nombraban como “las esposas” o “la mujer” de tal o cual. ¡Qué grave es eso! Porque en mis tierras lo nombramos con el verbo “ningunear”.
Las mujeres no habíamos terminado de conquistar el campo terrenal cuando nos invadió lo virtual. Según el CEEPAC, en los últimos dos años, se reportaron 17 casos de Violencia Política de Género, solo en entornos digitales. Además de desafortunados comentarios, también me preocupa que otras herramientas como la Inteligencia Artificial puedan ser utilizadas para crear imágenes sensibles o violentas.
Con lo anterior, es evidente para mí, que aunque nos lo vendan a modo, la chance en la contienda política real es poca y el medio todavía es hostil.
Casi 79 años después de que la mujer luchase para sufragar en una elección federal, actualmente, aún somos reducidas a apariencia estética y como una alternativa a nuestros esposos. Lo que necesitamos es que los partidos actúen no solo como plataforma de impulso sino como protección, asimismo, que garanticen invertir en el fortalecimiento de sus liderazgos femeninos. No como trofeos, sino como una defensa para la constitución de campañas exitosas, porque recuerden: las encnuestas de popularidad hablan ¿pero a qué precio?
