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Un relato póstumo a la alianza «Sigamos Haciendo Historia» en San Luis Potosí

Kenia Hernández

La tensión aprieta pero no ahorca en cada uno de los eventos donde tienen que convivir el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en San Luis Potosí. En el último día de mayo, tuvieron su más reciente encuentro los pesos pesados de ambas bancadas estatales en la Plaza de Armas de la capital, que no fue la excepción de su careo. Entre la multitud del mitin, aquel domingo, el sonido de los vítores en el cuadrilátero también iba cargado de ansias.

Para los que solo son espectadores, la revancha o el empate entre estos dos es todavía incierta; pero para los comentaristas del periodismo es evidente una ruptura. En su conocimiento del deporte más feroz -que es la política-, advierten que no queda tiempo para otro sparring, las elecciones llaman por los altavoces.

Aún así, con las manos en el aire, la alianza “Sigamos Haciendo Historia” sostuvo un gesto de unión. Pero no se puede decir con certeza que aguantará otro round.

Aquella mañana se toparon en cada esquina las playeras verdes, las sombrillas guindas y otras figuras que aspiran a la gubernatura. Todo al mismo tiempo, mezclados pero no revueltos. Quizá, solo a la espera de la campana que los dejará subir al ring en el quiosco para definir de una vez por todas, quién será el vencedor de la gubernatura en el 2027.

Eran las 11:00 de la mañana cuando el gobernador, Ricardo Gallardo Cardona transmitió un mensaje de apoyo para la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo en la Ciudad de México, quien emitiría su segunda rendición de cuentas de la administración federal. Ese era el objetivo principal de la cita entre los políticos potosinos, pero aunque todos vestían de blanco era obvio que cada quien apoyaba a su equipo favorito.

“Presidenta, gracias por su cariño, por su confianza y por el gran apoyo que le ha brindado a este hermoso Estado… aquí tiene un pueblo agradecido que reconoce su compromiso y su amor por su tierra. Sigamos unidos, amigas y amigos, construyendo un México más justo, más fuerte y con más oportunidades para todas y todos”, declamó el mandatario estatal.

A pesar de las palabras cargadas de orgullo, entre sus compañeros del podio -representantes del PVEM y Morena- se evitaban las miradas sin intercambiar ningún gesto, también con sus brazos cruzados.

El ambiente no se relajó, desde luego. Ni siquiera cuando Gallardo Cardona les hizo una presentación digna de torneo: en esta esquina, “hoy nos acompaña la presidenta del Partido Morena, Rita Ozalia, un aplauso grande para ella”. Y en la otra esquina: “hoy también nos acompaña nuestro presidente del Partido Verde, Ignacio Segura Morquecho”.
No extrañó la renuencia de animar la fiesta a los asistentes ya que, ambos mánagers han mencionado anteriormente que están dispuestos a todo por una competencia a la altura de sus exigencias. Sobre todo, con la apuesta de que sus talentos en casa tienen el peso suficiente para competir solos.

La coexistencia no fue tan distinta debajo de la tarima, y qué importante es eso, porque es bien sabido que el público hace al espectáculo. Así, los colores obedecían a los comandos amigos y los animaban con aplausos; mientras que frente al resto permanecían en silencio.

Pero al final, no hubo cinturones dorados que entregar. Todavía falta un poco para el pesaje final, sin embargo, las apuestas ya están apuntadas en el marcador: ¿Quién levantará la mano de la victoria en San Luis Potosí, en exactamente 12 meses? Es un misterio tambaleante, aguardando por el knock out.

Lo único que queda por ahora es el presente: cuando la gente todavía aguarda, en medio de una plancha de concreto, sin toldos que den sombra y donde unos lonches abandonados nos cuenta otra micro historia:

El tono cambió hacia el medio día, cuando el escenario estaba despejado y la pantalla con la transmisión en vivo centelleaba: el sol iracundo cayó implacable y filas enteras de sillas se vaciaron en el circuito. Pocos se quedaron para calar su hechura sobre el metal ardiente, pero quienes escucharon a Sheinbaum lo hicieron con cansancio y persistencia. Los mismos de siempre, los que cargan con la espera.

A pesar del respaldo, nuevamente, la distancia entre Palacio Nacional y el pueblo, es notoria. En la pantalla aparece la que promete; bajo el sol, aguantan los fieles con esperanzas, apenas protegidas por una pequeña sombra.

¿Es esta la representación de la sociedad mexicana?

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