En San Luis Potosí no se festejó un 10 de Mayo
Por: Kenia Hernández
El sol irascible de la primavera se imprimía sobre el adoquín en plena Calzada de Guadalupe, un lunes 12 de mayo, lo que pudo provocar la fatiga por la resolana, en quienes documentábamos la marcha. Pero a diferencia de los reporteros, el picor de la mañana no detuvo a las madres potosinas de seguir buscando a sus hijos desaparecidos. En esta ciudad, no se festejó un 10 de mayo.
Inmersas en un marco sensible del Día de la Madre, integrantes de la asociación civil, Voz y Dignidad por los Nuestros se congregaron frente a la Caja del Agua para exigir acciones ante el crecimiento de las desapariciones forzadas en San Luis Potosí.
Con el corazón en la mano -literalmente-, pasaron entre ellas, diminutas figuras que simbolizaban su afecto. Pero partidas a la mitad como representación de su dolor.
Un saludos de afecto y abrazos enmarcaron la escena, pero lo más emotivo saltaba a la vista sin palabras: las mujeres habían renunciado a un tiempo de calidad con sus seres queridos solo para estar presentes en esta marcha. No porque lo desearan, sino porque en el fondo, sabían que no había nada qué celebrar si sus familias estaban incompletas.
Su felicidad nunca volvió a ser igual.
Desde el 2018 a la fecha, la crisis de desapariciones en el Estado aumentó hasta un 300 por ciento. Cada semana, desaparecen al menos 10 personas en el territorio, mientras que apenas, dos o tres, logran ser localizadas. Así lo advirtió con ánimo triste, pero con la voz llena de coraje, la presidenta de la asociación civil, Edith Pérez Rodríguez.
«No estoy orgullosa de lo que he aprendido”, dijo. Pero no se refería a lo que encontró escarbando en la superficie de tierras recónditas.
Sin mirar el sedimento acumulado en sus uñas, la más difícil verdad, la encontró entre los pliegues de su corazón dolido: ¿Volverá a casa mi niño?
Las instituciones le han fallado a ella y a su hijo, José Arturo Domínguez Pérez, quien lleva 13 años desaparecido. Sé que existen los años perro y los años luz, pero en la cronología de una madre que perdió a uno de sus hijos, el tiempo se mide con los años que han pasado sin poder abrazarlo.
“Yo quisiera estar en mi casa, con mi familia disfrutando mi pensión», agregó. Pero en cambio, hoy se encuentra aquí, plantada firmemente a pesar del sol. Con el propósito de sostener a sus compañeras en el dolor que, desafortunadamente, las une a todas.
A Edith no solo le arrebataron a un hijo, también, la lucha que le tocó enfrentar la privó de festejar los últimos 10 de Mayo con su madre. José Arturo Domínguez debió cumplir los 33 años en la calidez de su casa, ayer 12 de mayo. En contraste, hoy su madre se desplaza por todo el país, aún con la esperanza de encontrarlo.
En este día, la mujer nómada cambia su tristeza por valentía y su decepción se transforma en rabia. El agravio no es solo por las desapariciones, el colectivo, además, dejó en evidencia que persiste un cómodo silencio institucional.
La incógnita ya no es únicamente: ¿Dónde están? Si no, ¿Por qué los intentan desaparecer de nuevo?
Durante el fin de semana, familiares potosinos de las víctimas de desaparición forzada, colocaron fichas de búsqueda en el edificio de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH). Un memorial que resignificaba su duelo permanente en protesta.
O así fue hasta esta mañana, cuando el rostro de José y otros y otras, se esfumaron en el aire. La facha del domicilio en Mariano Otero #685 amaneció limpia. Y fue como verse repetida la tragedia.
Voz y Dignidad denunció con profunda indignación la falta de respeto que tuvo el organismo hacia las madres buscadoras. Tal vez porque para la CEDH fue más incómodo mostrar la verdad, que dar cuentas claras de lo que sucedió con sus familias.
Hacia las 10:00 de la mañana, el colectivo de mujeres se cobijaba entre brazos. Corazón con corazón, las playeras blancas con fichas de búsqueda se estrechaban. Y a una sola voz, las asistentes se aprendían las consignas: «Hijo, escucha, tu madre está en la lucha».
Mientras extendían sobre el suelo las lonas que contenían el último esbozo gráfico de sus hijos e hijas, un comentario se repetía a voces: ¿Quién le dio derecho a Giovanna Argüelles -presidenta de la CEDH- de borrar la memoria de nuestros pequeños? ¿Quién la autorizó para callar nuestras voces en sus paredes?
Lo que más indignó a las manifestantes fue la presencia, con la cabeza baja, de algunos administrativos de la CEDH. Ellos, silenciosos, alertas y hasta apenados, observaban al margen todo lo que sucedía. Pero en ese momento, la reprobación no se hizo esperar.
Todas gritaron, ¡Fuera, fuera, fuera!; ¡Que se larguen!
«Que se vayan. Que se vayan los de Derechos Humanos, no queremos su acompañamiento. ¡Lárguense! Debieron dejar los rostros de nuestros hijos, sus nombres en sus paredes. ¿Les dio vergüenza o qué?», reclamó Pérez Rodríguez.
El momento desencadenó tensión, aunque no podría decir que también lástima.
Firmemente, Edith señaló a uno de los intrusos con ironía: “¡Miren el blanco de sus camisas, la pulcritud de sus chalecos!”, exclamaba. Esos uniformes son una burla frente aquellas que descienden al averno entre el fango para encontrar rastros, indicios, de quien alguna vez, fue fruto de su vientre.
Lo más triste de todo el cuadro fue que, les recordó, cuando les pedían respuestas, pero ellos en cambio, nunca les presentaban la cara. Negándose a coro, ninguna de las manifestantes les permitió utilizarlas una vez más para campañas de relaciones públicas.
“Porque mientras la CEDH limpia las paredes, nosotras seguimos buscando en la tierra”. Así partieron entonces, echados, los extractivistas del dolor ajeno.
En punto de las 11:00, el colectivo salió sin contratiempos con destino a la Plaza de Armas del Centro Histórico. Su siguiente objetivo, era el Congreso del Estado, que durante años les postergó una promesa.
Sin embargo, hoy el panorama era distinto. No venían a negociar, la demanda era inamovible: que se cree una Fiscalía Especializada en la Búsqueda de Personas Desaparecidas.
Ahora el calor era distinto, no venía del ambiente, lo emanaba la multitud embravecida. Y, aunque la diplomacia quiso mediar, las nómadas no se dejaron convencer con palabras dulces.
El diputado, Luis Fernando Gámez Macías se autonombró frente a las madres buscadoras como el «abogado personal» de la causa. Mientas sostenía en sus manos un puñado de corazones rotos, aseguró que incluso aceptaría acudir a una jornada de búsqueda positiva en campo.
“La misma canción de siempre” corearon las oyentes. No aceptarían promesas hasta ver los resultados.
Así, en punto de las 12:00 horas, el Congreso del Estado recibió una iniciativa firmada al nombre de Gámez, que proponía la creación de la Fiscalía. Pero así lo expusieron también otros, tres años atrás y las familias, temen que otro proyecto vuelva a figurar solo entre la tinta y el papel.
Bajo el techo del Poder Legislativo, los pasillos del salón principal se abarrotaron, no solo de ellas, también de padres, hijos y hermanos. Aquí hay aire fresco, pero el corazón de muchos sigue acelerado, acalorado, apachurrado por un arrebato injusto. Y así seguirá.
Hasta entonces y cuando todos sus hijos e hijas regresen a casa, en San Luis Potosí no habrá un Día de la Madre para celebrar.
